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Post guerra en Francia

Al inicio de la Guerra Fría, Francia era una pieza muy importante, y hasta cierto punto su situación era similar a la de Italia, por haber sufrido también la ocupación alemana y el padecimiento del régimen de extrema derecha de Vichy, teniendo que soportar, al igual que Italia, un régimen fascista...

Post guerra

Al inicio de la Guerra Fría, Francia era una pieza muy importante, y hasta cierto punto su situación era similar a la de Italia, por haber sufrido también la ocupación alemana y el padecimiento del régimen de extrema derecha de Vichy, teniendo que soportar, al igual que Italia, un régimen fascista, así como la Resistencia, mayoritariamente comunista, que había sido un elemento relevante  de la liberación, pero a pesar de todo, los dos países se integraron en el orden nuevo, desempeñando papeles muy diferentes.

Francia no solo formó parte del bando de los vencedores, sino que también vio reconocido su estatus de gran potencia con una parte de territorio alemán para su administración y un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la recién creada Organización de Naciones Unidas, con derecho al veto, mientras Italia estuvo entre los perdedores, pero aún con todo ésto Francia no logró evitar el peligro de caer bajo el control de los comunistas hasta que, al igual que Italia, el Plan Marshall no descargó una lluvia de dólares sobre su economía.

Italia, Alemania y España llevan años pidiendo perdón por su pasado fascista, demostrando constantemente que su derecha no es en modo alguno heredera ideológica del viejo régimen dictatorial, y en el plano internacional se tiene que preocupar por despejar los temores que surgen sobre la posibilidad de una resurrección de la política exterior agresiva que tuvo, en cierta época, bajo el fascismo.  Al contrario de Francia, quien disfruta de una derecha sin complejos, en donde nadie de dentro o defuera, puede relacionarla remotamente con Vichy, ni siquiera cuando, como ocurre con el Frente Nacional, se presenta sin tapujos como extrema derecha. Sigue una política exterior que atiende despiadadamente a sus intereses nacionales y carece de complejos a la hora de armarse con bombas atómicas o intervenir en África sin ninguna restricción que pudiera venirle impuesta por el Derecho Internacional o simplemente la moral.

Los Años Treinta

Durante esta década Francia experimentó una crisis que ayudó a explicar lo que ocurrió después, ya que lo que se experimentó en la III República, hasta cierto punto fue parecido a lo que se vivió en la Segunda, y harta de los fracasos de la derecha, en 1932, a la hora de hacerle frente a la crisis económica que se desató por el crash de 1929, los franceses dieron el Gobierno a la izquierda.  Dicho giro no resultó con la energía que se esperaba, porque la III República estaba dominada por el Partido Radical, que hacía de bisagra entre derecha e izquierda.

La corrupción del régimen se puso de relieve con el caso Stavisky, un estafador judío cuya muerte, en enero de 1934, dio lugar a una investigación que desveló numerosos contactos de éste con políticos y funcionarios. La ola de antiparlamentarismo que el caso desató culminó en los disturbios de la Plaza de la Concordia de París, el 6 de febrero. En ellos participaron varias organizaciones de extrema derecha, las Ligas y la Croix de Feu, pero también organizaciones controladas por los comunistas, como la Association Républicaine de Anciens Combattants (ARAC). Diecisiete personas perdieron la vida, y el radical Daladier tuvo que dimitir.

En 1938, cuando Francia y Gran Bretaña se plegaron a los deseos de Hitler en Múnich, Stalin abandonó la política de colaboración con el resto de la izquierda (en España hizo lo mismo) y trató de alcanzar alguna clase de entendimiento con Hitler que evitara la pesadilla de ver a Gran Bretaña, Francia y Alemania unidas en la misión de acabar con el comunismo en Rusia. Los días del Frente Popular estaban contados.

Daladier y sus radicales siguieron gobernando, pero no con el apoyo de comunistas y socialistas, sino con el de la derecha. El peligro de revolución comunista parecía conjurado, y los conservadores, ya más tranquilos, dejaron de amenazar con un golpe de estado (fue desbaratado uno en 1937).

La Guerra

Fue la que sorprendió a los franceses tratando de salir de su frustración, ya que los obreros se daban cuenta que ni siquiera con los suyos en el Gobierno era posible que el régimen evolucionara hacia otro, que se preocupara más por su bienestar. Y la derecha ansiaba un Ejecutivo con poder que pudiera imponer las medidas económicas que inequívocamente el país necesitaba, siendo la incompetencia de sus generales la causa de la derrota francesa. Pero la responsabilidad de la escasa resistencia mostrada y de la rapidez con que los franceses se dieron por vencidos corresponde al estado de profunda división nacional. Los mismos comunistas, futuros héroes de la Resistencia, se declararon neutrales, siguiendo instrucciones como siempre de Moscú, en una guerra entre potencias capitalistas, en la que decían que nada tenían que ver los trabajadores.

Otro giro a la situación lo produjo la invasión del norte de África por parte de los aliados. El ejército francés, que en principio iba a luchar con los alemanes, se unió a los invasores tras una serie de peripecias. A partir de ese momento, la Francia Libre de De Gaulle tendría un ejército de liberación al que transmitir órdenes.

Charles de Gaulle.  La posguerra

En el momento que París fue liberado, dos fuerzas trataban de imponer su criterio:   La Resistencia y De Gaulle.

- La Resistencia, la cual era controlada por los comunistas,  pero con importantes socialistas y cristianodemócratas en su seno, le interesaba sobre todo la reforma económica y, al efecto, tenía en la cartera una política de nacionalizaciones ambiciosa, pero no exhaustiva.

- A De Gaulle le preocupaba restablecer el orden, emprender una reforma institucional que estableciera un régimen presidencialista que superara las dificultades del parlamentarismo de la III República y recuperar para Francia el estatus de gran potencia.

De Gaulle se hizo cargo del Gobierno provisional. Se llevó a cabo un programa de limpieza de los colaboradores con Vichy y los nazis, pero apenas fueron apartados 11.000 funcionarios, que en su mayoría volvieron a sus puestos a partir de 1950. Gracias a esta magnanimidad, la maquinaria del Estado se mantuvo en funcionamiento a pesar de las enormes dificultades, de las que la carestía no era la menor. De este modo, De Gaulle consiguió su objetivo de mantener el orden. Los comunistas no insistieron en la depuración de los colaboracionistas por instrucciones de Moscú, ya que Stalin no quería enemistarse con sus aliados justo cuando tenía que imponer su ley en el este de Europa.

De Gaulle tuvo su éxito más fulgurante en el ámbito de la política exterior. A pesar de que Francia no logró ser admitida como gran potencia vencedora en las cumbres de Yalta y Potsdam, sí consiguió que le fuera entregada una franja de terreno en la ocupación de Alemania, a pesar de la oposición de la URSS.

Siendo justos, este éxito de De Gaulle fue debido en buena medida al respaldo de los británicos, quienes en particular le tenían miedo a la política anticolonialista de Roosevelt, y al resto de la Administración norteamericana, en general. Pensaron que, encumbrando a otra potencia interesada en conservar su estatus de imperio colonial como era Francia, tendrían un aliado en su propósito de oponerse al programa descolonizador de Washington.

Lo que parecía, sin embargo, imparable era el avance de los comunistas. De Gaulle había logrado vedarles el acceso a todo ministerio importante en el Gobierno provisional, pero sus magníficos resultados electorales permitían predecir que tarde o temprano habría que entregarles el poder. Se nacionalizaron las grandes empresas, en manos de colaboracionistas, y buena parte de las entidades crediticias, pero el espinazo económico de Francia quedó intacto. Los comunistas insistieron en continuar las reformas económicas. Tan sólo el Plan Marshall fue capaz, como en Italia, de frenarlos. Pero la historia de ese plan ha de quedar para otro capítulo.

Después de una limpieza limitada de los elementos colaboracionistas, Francia inició una labor de reconstrucción y de relanzamiento de la economía, en parte gracias al Plan Marshall, teniendo nuevamente bajo su control a la región del Sarre, desde 1945 hasta 1957 en que tras un plebiscito fue devuelto a Alemania. 

 

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